La galga, no confía mucho en los humanos, pero en manada se lo pasa pipa. Corre, salta, mordisquea las patitas de los demás, ladra animando al grupo para hacer alguna travesura, y se divierte y se ve, sobre todo cuando juega con su hermano Tanque.

Cuando te acercas de golpe para hacerle una caricia, no  le gusta tanto. A ella lo que le va es que le vayas hablando, diciéndole cosas suavecito, y ella entonces se deja acariciar, entonces eres de confianza.

A Bruma le gusta el sol, y a quien no, con el frío que hace, pero como sucede siempre, hay un grupo formado por los galgos y podencos de la casa y los invitados que siempre están en el mismo sitio, delante de la verja grande, así el metal se calienta y les da calorcito en la espalda y la tripita  bien puesta al solecito casi tibio de hoy. Y es que forman una estampa graciosisima, y no hay forma de moverlos de allí, ni una galleta consigue sácarla de su momentito  solar.

Alicia Genovart Martinez