“Nuestro animales nos acompañan en ciertas fases de nuestra vida. Cuando estamos listos para echar a volar solos, nos dejan ir”

Anónimo

Seguramente habrás escuchado la historia de alguien que acaba de perder a su compañero de cuatro patas, tal vez su pena siga con él incluso después de años. Y es que ciertamente nos cuesta separarnos de nuestros amigos. Algunos mueren de viejos, otros se van cuando casi hace nada nacieron. Otros se van después de habernos recuperado de una situación dolorosa. Y es que no nos acostumbramos al vacío que dejan. Nosotros esta experiencia ya la hemos vivido en varias facetas y situaciones. Aunque para mí una de las más remarcables fue la de Lulú, mi gata. Se puso malita, posiblemente no reaccionó bien a una medicina, y quedó ciega, y a partir de ahí, todo fue a peor: riñones, hígado, deshidratación y mil cosas más. Estuve con ella durante todo el proceso, me gustaba que se relajase escuchado el latido de mi corazón, y así nos quedábamos dormidas ella y yo. Ella sabía que era hora de partir, y yo también, pero no podía dejarla marchar. No podía imaginarme la vida sin esta compañera fiel, devota y salvaje con cualquiera que osara levantarme la voz. Su fidelidad y amor incondicional me llenaban completamente. Y no, no podía dejarla ir. Solo pensarlo me dolía el corazón. ¿Que haré yo sin ella?, ¿quien va a dormir pegada a mi?. Lulú tuvo una paciencia infinita, ella sufría y entendía que yo no estaba preparada. Aguantó hasta que llegó el día en que estuve fuerte. Y la acompañé en todo momento en su viaje al otro lado. El vacío fue enorme. La recuerdo con gran ternura y agradecimiento por la enorme lección de paciencia que tuvo hacia mi.

Los animales nos acompañan, nos ayudan y nos enseñan. Pueden aguantar lo que sea, hasta que estés listo para poderse ir. Ellos ya conocen la lección que su humano preferido ha de aprender, y con suma energía aguantan, esperan, entienden y luego se van.

Los hay que se van demasiado pronto, en realidad aunque nuestro perro o gato se vaya anciano, para nosotros siempre será demasiado pronto. Otros tras una enfermedad, otros tras un accidente, robo o negligencia. Y aún así, aunque hayan estado muy poquito tiempo con nosotros, dejan una huella enorme, un vacío que no es posible volver a llenar.

Creo que el mejor regalo que podemos hacerles es estar profundamente agradecidos por todo el amor que nos dieron y que compartimos, ese es su legado, dejar a los humanos con un corazón más grande.

Alicia Genovart M.