Los estados de ánimo en humanos tienen un reflejo directo en los animales de compañía. Las mascotas son especialistas en detectar emociones humanas, leen las expresiones faciales y reconocen el tono de voz. Son sensibles a todo lo que sucede en su entorno familiar.

Los perros han evolucionado con los humanos, por lo tanto tienen acceso a todo lo que sentimos.

Se ha reconocido que los perros pueden extraer e integrar información sensorial emocional, y diferenciar entre estados positivos y negativos, tanto entre humanos como entre ellos mismos.

Tenemos una comunicación muy privada con nuestro perro o con nuestro gato, y esto es algo que se queda entre ellos y nosotros, ya que es algo muy íntimo que nos une a nuestros compañeros de viaje.

A través del olfato, el perro puede identificar las emociones humanas que estamos viviendo en un momento determinado: miedo, ansiedad, rabia, etc. Además diferencian claramente el tono de nuestra voz.

Al distinguir como es nuestro estado de ánimo ellos experimentan directamente nuestras emociones. Una cosa que sí debemos tener en cuenta es que muy a menudo nos olvidamos que nuestro compañero es una animal. Los tratamos con demasiada frecuencia como si fueran humanos. Los perros necesitan saber quienes son: perros. Magníficos compañeros de vida, confidentes, e incluso creadores de bienestar. Aun así no podemos olvidarnos que no pueden ser tratados como personas, porque pierden su identidad. Tu perro esta contigo porque hay un pacto secreto entre vosotros, pero no tiene facultades humanas. Esto quiere decir que aunque te sientas querido, escuchado y consolado por tu compañero de una manera que ningún humano lo ha hecho, sigue siendo un perro, y tiene que seguir siéndolo. Sus necesidades, sus atributos son de perro. Por lo tanto desaconsejo que les vistamos con ropita que imita a la humana, no les hagamos hacer cosas para “divertir” a los demás, respetémoslos como ellos nos respetan a nosotros. El amor incondicional es algo que nos entregan nuestros amigos, no abusemos de él.

No me gusta nada ver en Navidades perritos vestidos de Papá Noel, no me gusta cuando llega la Feria de Sevilla verlos vestidos de rocieros, no me gusta que se les hagan hacer cosas que no les corresponde. Ya sabemos que la soledad en algunos humanos nos lleva a hacer cosas raras, el síndrome del nido vacío, cuando nuestros hijos se van de casa para vivir sus vidas, cuando nos quedamos sin pareja por la razón que sea, volcamos nuestros anhelos en nuestros animales de compañía, y esto no es bueno. Piensa que cuando tienes a un perro o a un gato contigo, hay un pacto silencioso de amor y respeto, de compañía mutua, de no abandonar al otro. No lo desobezcamos. Aceptémosle por lo que es: amor, cariño y respeto.

Alicia Genovart M.