“Mi perro no se lleva muy bien con otros perros, ahora incluso el simple hecho de cruzarnos con otro perro es una odisea…”
“Mi perro es muy bueno, pero cuando va con la correa, ladra a todos…” ¿Te suena?

Tu perro se pone a ladrar, a gruñir, a lloriquear o incluso a tirar bocados. Y todo el mundo que te cruzas en la calle se aparta, pensando que tienes un perro “malo”. Y tu desesperación crece y el aislamiento de tu perro de los otros canes también. Y con ello suele empeorar la conducta e incluso hay casos en que el perro sale cada vez menos, en horarios y rutas donde no hay otros perros para evitar el problema, al no tener herramientas para poder poner solución.

Quiero dejar claro que los perros no hacen las cosas por hacernos la puñeta, las hacen porque no les hemos dado la oportunidad de aprender a hacerlas de forma diferente. Hoy en día conocemos la complejidad de la comunicación canina, tanto entre ellos como con nosotros. Sin embargo, muchas veces no sabemos qué es lo que le ocurre a nuestro perro o cómo ayudarle a gestionar una situación. Nos ponemos nerviosos nosotros mismos, nos enfadamos, nos frustramos y todo esto se lo trasmitimos al perro. Añade los tirones de la correa, tal vez algún que otro grito o toque y tenemos un cóctel que sirve para todo menos para relajar al perro y ayudarle a salir de la situación.

Hay perros que la “lían parda” al ver otros perros, ladrando, aullando, gruñendo, poniéndose histéricos. Y a veces lo único que quieren es saludar al otro perro, otras veces lo que realmente tienen es miedo y quieren alejarlo.

Los perros acumulan experiencias y aprendizajes a lo largo de sus vidas. Y si en su cabeza se creó un proceso que funcionó una y otra vez,  lo utilizarán, ya que no les gusta complicarse y economizan la conducta a tope. Por ello, cuando un perro joven o un cachorro ladra para que su responsable lo acerque a saludar a otro perro y este se lo permite, el perro aprende que esto funciona y se pone cada vez más nervioso para saludar a otros canes. El propietario piensa que si es solo para saludar, lo acerca lo más rápido posible porque así el perro deja de “montarla”. Sí, dejará de “montarla” en ese instante, pero probablemente volverá a hacerlo con el siguiente perro que se cruce, el siguiente, el siguiente y cada vez más… Ya que la última vez funcionó…
De la misma manera, si un perro es inseguro o por alguna u otra razón (que en este artículo no vamos a tratar) no se lleva bien con los demás perros, al final lo que quiere es alejarlos de su zona de confort. Y su mayor “arma” es ladrar, enseñar los dientes, amenazar. Lo común es que cuando la gente ve a un perro comportándose así, ni se plantean acercarse y cogen su perro y se cruzan de la acera. De esa forma el perro consigue alejar al otro y entonces volverá a utilizar la misma estrategia la próxima vez.

Ya veis lo fácil que es fomentar a nuestro perro una conducta que realmente queríamos evitar.

Pero las cosas no son blancas ni negras. Hay mucho que tener en cuenta en estas conductas. Los humanos no somos tan malos, no hemos sido solo nosotros enseñando o fomentándole estas conductas, han sido sus procesos mentales, sus formas de gestionar, el entorno. Suele haber más de un porqué del problema. Y tampoco es cuestión de apartar el perro o al revés, meterlo entre perros (tal vez no de todo equilibrados) a la fuerza “para que se acostumbre”.

Hay que aprender a leer sus señales que dan siempre (más o menos sutiles, pero las dan), entender qué nos está diciendo y saber guiar a nuestro perro según ellas. Poco a poco le enseñamos cómo gestionar las situaciones conflictivas, siempre respetando sus distancias y límites. Permitiéndole gestionar de forma progresiva lo que hasta ahora le superaba por completo, siempre acompañándolo y dándole nuestro apoyo. Es muy importante que el perro entienda que estamos con él y que sabemos qué hacer. No sirve de nada reñirlo, pegar tirones de correa, pero tampoco nos sirve todo el amor del mundo si no le permitimos gestionar bien y lo sobreprotegemos. Eso sí, siempre es preferible gente que lo intenta desde el amor que los que intentan imponerse y faltan respeto al animal.

La próxima vez que tu perro se ponga “a la defensiva” o cuando te cruzas con otro perro, o en una valla ladrando al que está dentro de su casa, aléjalo con calma e intenta ver qué señales te da antes de “explotar”. Seguro que podrás ayudarle un poco más si te fijas en su conducta que se esconde debajo de ese estallido de emociones.

Si tu perro ladra a los perros dentro de sus terrenos (llamado “perro valla”), o a cualquier perro que te cruces, si tu perro se pone histérico y lo único que quiere es saludar al otro. Si es inseguro y no deja que se le acerquen. Si muestra conducta agresiva pero luego es “un trozo de pan” y quieres aprender más, saber cómo ayudar a tu perro a gestionar los conflictos, te puedes apuntar al curso para PERROS REACTIVOS que ofrecemos en el Rincón de Agata.

Alena Chvátalová, educadora canina