Éstos días pasados se ha ido un princesa. Delicada, tenue, tímida. Se ha ido a un lugar mejor donde sus patitas ahora descansan, donde sus ojitos ahora ven, donde su corazón palpita con fuerza y con ganas, muchas ganas.
Ahora está allí donde van los galgos que han dado todo su amor a una familia. Vi caminaba junto a Cami, pegaditas las dos, una con la otra, haciendo el camino juntas, sin dejar de hacerse compañía, ahora siguen juntas, pero de otro modo. Se dice que los animales, sobre todo los perros y los gatos están muy unidos con el otro lado, así que podemos decir que sí, siguen juntas. 
Vi se fue rodeada de todos los que la han querido todos los días de su vida. Su familia humana siempre ha estado a su lado, siempre ocupándose de ellas dos. Procurándoles dar todo lo que  siempre han necesitado. 
Siempre que un amigo peludo se va hay algo que se queda vacío y triste en nosotros, en casa, en la familia. Ya sabemos que los animales se van antes que las personas, ya sabemos que su trabajo o misión aquí son sencillos: darnos todo su amor y su cariño y su compañía. Y siempre lo consiguen, sí, siempre cumplen con su deber, y éste es darnos todo lo que ellos son.  Y nosotros aquí, aquí nos quedamos con un vacío que solo el recuerdo de lo que fue esta historia de amor puede llenar. Sabiendo lo que es el cariño incondicional. Se van y  ¿ahora qué?.
Pues ahora es el momento de sonreír, de dar gracias por haber tenido una compañera como Vi, por haber conocido el amor peludo, de trufa húmeda y cariñosa, gracias porque nuestras almas han bailado juntas, y con confianza, abrirnos a la paz que da haber conocido a Vi.
Pequeña Vi, has sido un ejemplo de tenacidad y resistencia, te has ido solo cuando has comprobado que todos los que te aman estuvieron preparados, gracias por todo tu calor y cariño.